Capítulo 49. Lo que no pudo ser
Leonardo
El silencio del hospital se ha vuelto parte de mí. Los pasillos interminables, las luces frías, el olor metálico del desinfectante. Todo parece repetirse como un ritual que me recuerda lo frágil que puede ser la vida. Noah ha abierto los ojos, y debería sentir paz. Sin embargo, lo único que me invade es otro tipo de vacío: el de saber que, mientras él vuelve a la vida, yo sigo perdiendo la mía en silencio.
No estuve todo el tiempo en el hospital, como Angelo. A mí me tocó mantenerme fu