—¿Pasa algo, Eiden?
Avanzó un paso. Eché un rápido vistazo a mi alrededor, debatiendo entre retroceder y no hacer nada. Opté por la segunda, pero enseguida me arrepentí. Eiden me tomó de la cintura y estampó sus labios en los míos sin darme tiempo a reaccionar. No tenía la postura de quien temía repercusiones por un descaro como ese; lo hizo confiando en que correspondería. Y no es que le quisiera dar el gusto, pero ¿cómo se rechaza eso?
Sus labios con los míos danzaron con una lentitud electri