—Nos vamos a resfriar —suspiré derrotada. No estaba lista para otra confesión.
Él asintió, esbozando una pequeña sonrisa. Soltó un suspiro profundo, dejando ir el aire que, al parecer, estaba conteniendo. Hizo el ademán de quitarse la chaqueta, pero se retractó al instante y volvió a reír.
—¿Qué es tan gracioso?
—Quiero protegerte del frío, pero la chaqueta es un desastre —contestó, dejando caer las manos al costado—. Supongo que será a la próxima.
—Vámonos de aquí.
Tomé su derecha, llevándolo