Al otro día por la mañana regresaron a Nápoles, a Ana se le hizo extraño ver qué ni Elena ni su padre viajaban con ellos.
—¿Ha sucedido algo? Veo que Sandro y Elena no están con nosotros.
—Están molestos por lo sucedido ayer, están acostumbrados a que todo mundo se deje pisotear por ellos, ya es hora de que alguien les ponga un alto, jefe soy, yo no Sandro.
—Elena está acostumbrada a hacer su voluntad, y su padre la deja.
—Así es, pero ya me cansé de ellos, no quiero una relación más allá de