Alondra se quedó atónita al escucharla, no podía creer que tuviera una ambición desmedida.
—¿Estás segura? Por qué yo me voy, el Jeque me ha dejado ir.
En ese momento Eva se dio cuenta del estado en el que estaba Alondra.
—¿Qué te ha hecho ese desgraciado?
—No tiene caso hablar de eso ahora.
—Espera. —Eva buscó rápidamente lápiz y papel para escribir una nota, si alguien se daba cuenta sería castigada.
—Toma entrégala a mi padre.
—Así lo haré Eva, adiós, espero que puedas obtener lo que quieres