Alondra, afortunadamente, aún no empezaba con sus clases y podría dormir durante todo el día para reponerse.
Eva, por su parte, pensaba que si al menos el Jeque fuera apuesto, ella podría acostumbrarse a esa buena vida, podían comprar en línea todo lo que querían, una vez a la semana llegaba avión que llevaba víveres y los pedidos que hacían.
El Jeque era multimillonario, así que les permitía todos los caprichos que se les ocurrían, no quería mujeres amargadas en su isla.
Alondra se aburría ter