Mundo ficciónIniciar sesión“Tu nueva vida empieza hoy.”
—Llévenla a sus aposentos, será mejor que la nueva descanse. —Hablo el hombre de la izquierda, quien parece ser el líder de ese lugar, su voz parecía hacer temblar todo el lugar, incluso, Rose no pudo evitar estremecerse.
Mujeres salieron de la nada, vestidas con hábitos negros con detales en blanco. Cada una a un lado de Rose la sostuvieron, mientras que hombres con expresiones inquietantemente calmadas llevan sus cosas. —las pocas que trajo.
—Por aquí, señorita. —Murmura una de las mujeres.
—Le daremos un recorrido por el templo y después, empezara con la iniciación. —Aquellas palabras se le hacen extrañas a Rose. ¿iniciación?
—¿De qué están hablando? —Pregunta ella, sin apartar la mirada de aquellos tres hombres en el altar, una sonrisa oscura se posa en cada uno, incluso en aquel joven que hace unos momentos cubría su rostro con una mano.
—La iniciación es solo para aquellas patéticas almas que desean pertenecer a un lugar más allá que el mundo rechaza. —Responde con notable desprecio el moreno del centro, Rose tiembla bajo su mirada, ¿Por qué la mira con tanto odio?
—Hacemos que se sientan en casa. —Dice el Joven tembloroso de la derecha lo suficientemente alto para que ella escuche y cuando sus miradas se encuentran, él desvía la mirada rápidamente.
Silencio. Rose procesa lo que le dicen.
—Solo es la bienvenida formal a nuestro templo, Rose. —Responde finalmente el hombre de la izquierda y la mira por encima del hombro. —Devotas, llévensela ahora. —Ordena.
Antes de que Rose pueda decir algo más, las mujeres de antes la guían lejos del altar en donde se encontraba.
Hay algo que la perturba mucho ahora mismo.
Ella no recuerda haber dicho su nombre.
(…)
Los pasillos parecían ser interminablemente largos, Rose mira todo con cuidado mientras ignora el pensamiento que le dice que dé la vuelta ahora mismo, ya que, esto parecía ser mala idea.
Sin embargo, si vuelve a casa tendría que lidiar con su mente, la ansiedad y el insomnio y la voz que le repite que ha sido cobarde por arruinar todo el avance que ha hecho.
Quizás, si se acerca a Dios atreves de esos hombres pueda descansar. Tal vez el deseo de mantener relaciones sexuales constantemente abandone su mente y pueda llevar una vida normal.
Eso es lo que quiere creer.
Por lo que decide quedarse en aquel lugar.
—Esta es tu habitación hermana Rose. —Le dice una de las “devotas” en su interior hay habitación pintada en su totalidad de gris, una cama individual, apenas una pequeña ventana que le muestra el patio trasero. Un escritorio al lado de su cama, junto con una puerta frente a su cama que asume, es el baño.
Sus cosas son dejadas por los hombres que la seguían desde lejos y quienes sin decir nada más hacen una ligera reverencia para después, marcharse.
—Siéntete como en casa. —Le dice una de las devotas, en su rostro hay una sonrisa que no se va. Rose da un paso a la que sería su nueva habitación.
—Disculpa. —Murmura hacia una de las devotas. —¿Esto…es una iglesia normal? —La mujer inclina la cabeza, parece no entender a lo que se refiere Rose.
—Es una iglesia que acoge almas sin rumbos…como la tuya, hermana Rose. —Le dice con calma.
—Pero me refiero a que…las estatuas…ellos. Esos tres hombres. —La devota la corta de inmediato.
—¿Te refieres a los maestros? —Rose asiente, sorprendida. —Ellos son quienes se encargan de llevarnos por el buen camino, su palabra aquí en la tierra es ley…y si quieres formar parte de nuestra gran comunidad, debes de obedecerlos. —Hay algo en sus palabras que inquietan a Rose.
—Pero ellos… ¿nos guían hacia Dios? —Murmura, se siente tensa, la sonrisa de la devota cambia casi de inmediato, no parece estar enojada sin embargo en sus ojos hay algo distinto.
—Es curioso como los humanos intentan ponerle nombre a algo que más allá de su simple comprensión. —Dice, ¿la llamo humana? ¿Qué no todos lo eran aquí? —Pero no temas querida, ellos se encargarán de acercarte a la paz que tan desesperadamente estas buscando.
Sin decirle una palabra más, la devota retoma su camino y en su paso, cierra la puerta de la habitación de rose.
Dejándola completamente sola.
(…)
Para cuando cayó la noche, Rose había despertado, increíblemente el cansancio que la asechaba sin parar había desaparecido, no había podido conciliar el sueño con tranquilidad desde hace tiempo.
Quizás estar en este lugar no era tan malo después de todo.
Sin embargo, mira los alrededores de la habitación, se percata de unas ropas —quizás un habito como en las de las devotas. — en su mesa y acompañada de esta una nota con palabras. La curiosidad parece ser más fuerte y, la lee.
“Despójate de todo lo impuro del mundo, acoge la vestimenta sagrada y presentante en el altar, la iniciación empezara pronto.”
“Iniciación. “
¿Por qué aquella palabra la hacía temblar?
No lo sabe, pero, decide obedecer.
Toma una ducha rápida y cuando cubre su cuerpo con la toalla, ve las ropas que le dejaron. En ese momento la puerta de su habitación se abre dejando ver a las devotas de antes, contrario a como las vio la primera vez, ahora, poseían una especie de ceño fruncido.
—Disculpen, pero yo estaba a punto de cambiarme y…—Las devotas no le dejan hablar, ya que, ambas mujeres al mismo tiempo le hablan fríamente.
—Te prepararemos para los maestros. —Le dijo una sin dejar de mirarla de arriba hacia abajo.
—Una mortal…que se aferra al mundo del hombre. —Corrigió. — no será capaz de vestirse adecuadamente ahora, déjanos hacer nuestro trabajo. —Rose no dijo nada y al contrario dejo que las mujeres la vistieran.
La expresión de incredulidad aparece de inmediato.
El habito o más bien vestido no era como el de las demás devotas, parecía haber sido confeccionado para una santa y una pecadora al mismo tiempo.
El vestido blanco marfil caía elegantemente sobre su figura, adornado con delicados bordados dorados que recorrían la tela como espinas entrelazadas. Las mangas transparentes cubrían sus brazos con una elegancia etérea, mientras finas cadenas de oro descansaban sobre su cintura y cuello como hermosos grilletes.
Un velo translúcido descendía desde una corona dorada sobre su cabello rojo oscuro, envolviéndola en un aire sagrado y melancólico.
Cuando las mujeres acabaron con Rose, permitieron que se viera en el espejo. La imagen que se presentó ante ella, parecía ser de una devota salida de una antigua leyenda, hermosa, intocable y destinada al sacrificio.
Rose contempló su reflejo en silencio.
—Es hora. —Le dijeron ambas mujeres, dándole una sensación de escalofríos a Rose.
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