Ezequiel Montgomery
Subí en el auto y tras de mí entro también Mónica, con su típica expresión obnubilada y melancólica, siempre fue así... como si su mente viviera en otro mundo, antes pensaba que la situación con mi hermano la mantenía con esa perpetua mirada sin emoción, pero supongo que todo fue una fachada. No podía flaquear, simplemente por recuerdos del pasado, aquella mujer de la que… No, ya no lo iba ni a pensar.
—¿A dónde vamos?
—¿A dónde crees? ¿Has visto tu ropa? No me presentaré a