Abrí la puerta del auto decidida a confrontarlo, mientras intentaba quitar de mi boca todo rastro de sus labios, pero todo su ser estaba empernado en mí, como una cicatriz que quería esconder, y aun así a pesar del tiempo seguía ahí, doliendo… como el día en que todo acabó y tuve que dejarlo en aquel suelo desangrándose.
—¿No he terminado de hablar? ¿Por qué me besaste? No se supone que tienes novia, yo te escuche hablar con ella —increpe tomándolo de su brazo para detenerlo. Me miro y esbozó un