Cuando me levanté de la mesa después de unas horas con la mirada perdida, decidí que ya era hora de irme, nada había cambiado después de esta conversación, sino cambio cuando era una niña con un padre alcohólico y ausente no iba a empezar ahora. De repente el celular empezó a sonarme y el nombre de Antuan apareció en mi pantalla con un deje de emoción conteste, pero una música muy fuerte lleno mis oídos.
—¡Hola, Antuan! ¿Me escuchas? —por si no me escuchaba, poco a poco la música fue disminuyen