Con ayuda de Elizabeth Arrastramos a Ezequiel a una de las salas del salón mientras escuchaba afuera el fuerte barullo de la gente por el altercado hace unas horas. Mantuve la cabeza de Ezequiel en mis piernas mientras Elizabet caminaba de un lado a otro marcándole al doctor, nerviosa, observé a Ezequiel, pareció abrir sus ojos y luego cerrarlos, sudaba frío temblando como una hoja, pose mis manos en su rostro intentando que se calmara.
—¡Elizabeth, tenemos que llevarlo al médico! Está muy mal,