Eva iba entrando por la puerta trasera de la casa, llevaba dibujada una sonrisa en el rostro. Algo tenía ese tal Sergio Carrasco que, desde que se conocieron, la hacía sonreír de una manera que en pocas ocasiones lo había hecho.
La felicidad le duraría muy poco, ya que tan pronto cruzó la puerta para entrar a casa, una mano se posó en su hombro y ella sintió un escalofrío recorrerla al sentirla.
- ¡Eva! ¿Qué demonios haces fuera de casa a estas horas vestida así? – Digo Demian furioso.
Eva se qu