Era una mañana soleada, Alejandro se levantaba y despertaba con suma delicadeza a Eva, quien estaba profundamente dormida en aquella cama completamente desordenada.
La chica sentía que le dolía todo el cuerpo y como no, esa pizza de reconciliación los había llevado a otro tipo de reconciliación que duro hasta casi el amanecer.
- ¡Buenos días, mi vida…! -dijo Alejandro acariciando la espalda desnuda de Eva.
- Buenos días… -dijo Eva con pereza.
- ¿Quieres quedarte en casa hoy? Puedes hacerlo… -dij