Luego de conducir por largo rato en silencio, finalmente Sergio detuvo el auto en un mirador, bajo del auto y Eva hizo lo mismo. Aquellos vestigios de caballerosidad que mostraba Sergio en un principio ahora no eran visibles.
- Bien, Sergio, ¿Qué es lo que quieres hablar conmigo? ¿Qué tienes tú que ver con lo que está ocurriéndole a mi padre? -dijo Eva sin rodeos.
- ¡Así me gusta! Que vayas al grano y sin rodeos… -dijo Sergio, mirándola fijamente.
- ¿Qué quieres? -dijo Eva, ya molesta.
- Bie