El camino hacia el restaurante que había reservado Alejandro fue silencioso, el hombre llevaba el ceño fruncido y se notaba que estaba concentrado en lo que estaba haciendo. A su lado, una Eva nerviosa y un tanto preocupada, trataba de calmarse mirando hacia el exterior.
Al llegar al lugar, el hombre bajó y Eva desabrochó el cinturón al voltear. Ya tenía la mano del hombre frente a ella para ayudarla a bajar.
- ¡Gracias! – Dijo Eva un poco nerviosa.
- ¡Anda! ¡Vamos! ¡Supongo que estás lista…! -