9. Había puesto los ojos en ella
Ernesto Duarte
Iba de regreso a mi oficina. A mi lado, caminaba mi asistente.
Tenía las manos dentro de los bolsillos y la mandíbula apretada, tan fuerte que me dolía. No entendía qué demonios me había pasado hace un momento. ¿Desde cuándo me retractaba de despedir a alguien? Yo no hacía concesiones. No las hacía con nadie.
Pero entonces la vi.
Vi su expresión, su mirada abierta, sorprendida, casi dolida. Como si no entendiera por qué yo era así… o tal vez sí lo entendía, y por eso me juzgaba.