74. Los secretos revelados
Marisol López
Apenas crucé el umbral de la casa, el olor a comida casera me abrazó Mis padres y hermanos me recibieron con abrazos cálidos. Los había extrañado con una intensidad casi dolorosa.
—Ven, hija —dijo mamá, guiándome con ternura hacia el comedor—. Comenzamos a cenar porque no sabíamos a qué hora llegarías. Ya sabes que estos hombres tienen un apetito de toro.
Solté una risa suave mientras dejaba mi bolso sobre el sofá.
—No te preocupes, mamá. De hecho, traje pan artesanal de la Capita