30. Quiebre
Ciro Sandoval
La carretera se extendía como una cinta interminable frente a mí. El sol comenzaba a bajar, tiñendo el horizonte de un naranja melancólico, y el silencio entre Marisol y yo llevaba ya varios minutos. Sentía que si no hablaba ahora, esa espina me iba a seguir clavando el alma hasta llegar a la ciudad.
—Quiero preguntarte algo —dije sin mirarla, con la voz más controlada de lo que en realidad sentía.
Marisol volteó a verme, curiosa.
—¿Qué cosa?
—¿Alguna vez… has visto a Marion en la