29. Dos semanas
Sara Sandoval
Estaba recostada, mirando al techo con el brazo extendido sobre una almohada. El dolor había disminuido un poco gracias al analgésico, pero seguía sintiendo el cuerpo pesado, como si no solo me doliera el hombro, sino algo más profundo… algo que no podía señalar.
Escuché un par de golpes suaves en la puerta. Antes de que pudiera responder, esta se abrió despacio.
Era él.
Saúl.
Se asomó con una sonrisa tímida, como si no supiera si debía estar allí o no. En sus manos traía un ramo