11. Panqueques para la cena
Sara Sandoval
El sonido del ascensor fue un eco suave en medio de mis pensamientos revueltos. Llevaba los auriculares puestos, pero no escuchaba música. Solo mi respiración... y su voz. Esa voz grave y arrogante que aún retumbaba en mi mente como si estuviera aquí, de pie junto a mí, diciéndome otra de sus órdenes con ese tono autoritario que lograba… irritarme y, de alguna manera absurda, estremecerme.
Ernesto Duarte.
El ogro de traje.
El jefe más guapo, inaccesible y malhumorado que había co