35. Enfrentamiento
El psiquiatra de Álvaro llegó después del mediodía. Se encerraron a hablar por un buen rato, y cuando por fin salieron de la habitación, pude notar que Álvaro estaba más tranquilo. Se veía agotado, pero al menos ya no tenía esa mirada perdida que me rompía el alma. El doctor me entregó una nueva dosis de medicamentos y dos inyecciones, explicándome con seriedad que solo debíamos usarlas en caso de que él entrara en una crisis severa.
—Estas lo adormecerán lo suficiente hasta que yo llegue —me a