16. De regreso
Álvaro Duarte
La luz cálida de la lámpara colgante se derramaba sobre la mesa de madera rústica. El aroma del guisado de Margarita flotaba en el aire, mezclado con las risas suaves de Santiago y el pequeño que jugaba con su cuchara, derramando sopa a cada intento de llevársela a la boca.
Me quedé unos segundos en el umbral de la cocina, observándolos. Por un instante, me invadió una punzada en el pecho. Esta casa, este calor, esa mesa… se habían convertido en mi refugio, mi familia.
Pero tenía