11. Estaba sola

Días después de la partida de Santiago, me enteré de que, antes de irse, compró ciento cincuenta dulces para llevarse a la Capital. Estaba anonadada por el gesto tan bondadoso que había tenido para con mi amiga. Santiago era el hombre más amable que había conocido, y lo extrañaba mucho. A veces me despertaba sintiendo un hueco en el estómago, como un vacío que me mantenía inquieta.

Decidí, por mi bien, ocuparme en otras cosas, como ayudar a Margarita a hacer crecer el negocio. En realidad, lo h
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