La cabaña permanecía en silencio.
Por primera vez desde que todo había comenzado, no había disparos, ni sirenas, ni órdenes apresuradas.
Solo el crepitar de la leña en la chimenea.
Tomás y Nicolás seguían revisando los planos del Observatorio Saint-Michel en la habitación contigua. Gabriel dormitaba sobre una silla con varios documentos entre las manos, mientras Kessler descansaba después de horas de confesiones.
Adrián salió sin hacer ruido.
Sabía exactamente dónde encontrarla.
Helena estaba s