La puerta blindada descendía lentamente.
El metal chirriaba bajo la fuerza con la que Samuel intentaba mantenerla abierta.
Del otro lado, Lucien levantó el arma.
Su mirada era fría.
Calculadora.
—Siempre fuiste el más obstinado —dijo con una calma inquietante.
Samuel no respondió.
Apretó los dientes y empujó con todas sus fuerzas.
La puerta apenas se detuvo unos centímetros.
Era suficiente.
Clara, todavía sentada en la silla de ruedas, observaba la escena completamente confundida.
Sus recuerdos