El sonido de la explosión todavía retumbaba en el observatorio.
El polvo cubría el vestíbulo.
Las alarmas no dejaban de sonar.
**—Tiempo restante para la autodestrucción: treinta y ocho minutos.**
Helena sostenía a Adrián entre sus brazos.
La sangre seguía manando de la herida en su costado.
—¡Gabriel! —gritó desesperada—. ¡Haz algo!
Gabriel cayó de rodillas junto a ellos y rasgó la camisa de Adrián.
Observó la herida apenas unos segundos.
—La bala entró de lado...
Tomó una gasa de emergencia y