El reloj marcaba las dos de la madrugada.
La operación comenzaría al amanecer.
Tomás y Nicolás seguían ultimando los detalles del asalto al Observatorio Saint-Michel. Gabriel revisaba por última vez los expedientes recuperados y Kessler intentaba reconstruir, de memoria, la distribución del complejo.
Nadie tenía intención de dormir.
Sabían que aquella misión podía cambiarlo todo.
O acabar con todo.
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Helena permanecía frente a la ventana de la habitación que le habían asignado.
La lluvia habí