El eco de los aplausos se desvaneció lentamente entre las estanterías.
Nadie se movió.
Nadie respiraba con normalidad.
El anciano caminó con absoluta tranquilidad, apoyándose en un bastón de madera oscura. Vestía un traje impecable, como si acabara de salir de una reunión y no de un archivo oculto bajo tierra.
Su mirada recorrió la sala.
Primero Samuel.
Después Adrián.
Finalmente Helena.
Y cuando sus ojos se detuvieron en ella...
Sonrió con una mezcla de nostalgia y culpa.
—Han pasado muchos añ