La lluvia finalmente había cesado.
El humo aún salía de algunos vehículos destruidos frente a la propiedad.
El ataque había terminado.
Pero el silencio que quedó después era incluso más inquietante.
Los equipos de seguridad recorrían el terreno revisando cada rincón.
Tomás se acercó a Adrián.
—Tenemos cinco detenidos.
Adrián observó a los hombres esposados, alineados de rodillas bajo la vigilancia de los escoltas.
—¿Alguno habló?
Tomás negó con la cabeza.
—Solo uno.
Señaló al hombre que habían