El laboratorio entero comenzó a temblar violentamente.
Agua cayendo desde el techo.
Alarmas ensordecedoras.
Luces rojas bañando la Sala Eterna en un tono infernal.
Y en medio del caos…
El verdadero fundador de Eterna sonreía observando a Isabella.
—Que Eterna ya no te necesita.
El miedo apareció finalmente en los ojos de la mujer.
Un miedo real.
Humano.
Porque acababa de entender que también era reemplazable.
Entonces Isabella levantó lentamente el arma.
—Yo construí este lugar.
El hombre sonri