El laboratorio se estremecía violentamente.
Sirenas.
Humo.
Luces rojas parpadeando.
Y en medio del caos…
Eva seguía forcejeando con Isabella en el suelo.
—¡No desperdicies la vida que te di!
Aquellas palabras atravesaron brutalmente el corazón de Helena.
Porque por primera vez entendía algo insoportable.
Eva perdió su identidad para salvar la de ella.
Entonces Adrián la sostuvo fuerte del brazo.
—¡Tenemos que movernos ahora!
La explosión de una tubería hizo temblar toda la Sala Eterna.
Agua com