El ambiente dentro de la casa cambió por completo.
Los escoltas reaccionaron inmediatamente.
Armas.
Radios.
Órdenes rápidas.
La seguridad alrededor de la propiedad comenzó a moverse mientras la lluvia seguía cayendo violentamente afuera.
Pero Emilia apenas podía respirar.
Porque aquella mujer seguía encontrándolos.
Siempre.
Como una sombra imposible de dejar atrás.
Adrián tomó inmediatamente la mano de Emilia.
—¿La viste bien?
El escolta asintió tensamente.
—Sí.
La voz salió grave.
—Es la misma