Nadie habló.
Nadie respiró siquiera.
La grabación seguía pausada en la pantalla mostrando a Amelia sonriendo suavemente mientras sostenía la mano de una pequeña Emilia.
Y Adrián sintió que el mundo entero acababa de inclinarse bajo sus pies.
Porque aquello ya no parecía una coincidencia.
Parecía algo mucho más profundo.
Más aterrador.
Más imposible.
Emilia comenzó a negar lentamente mientras las lágrimas caían por su rostro.
—No entiendo…
La voz salió quebrada.
Completamente perdida