—¿Adrián?…
La voz de Emilia salió quebrada.
Pero él no respondía.
Seguía sosteniendo el teléfono contra su oído mientras las lágrimas caían libremente por su rostro.
El hombre que todos conocían como frío e inquebrantable estaba completamente destruido frente a todos.
Y nadie sabía qué hacer.
—Por favor… —susurró Adrián con la voz rota—. Déjame escucharla otra vez.
El corazón de Emilia dejó de latir por un instante.
Dios.
Victoria.
La llamada seguía activa.
Los oficiales se acercaron rápidament