La lluvia no había parado en horas.
La ciudad completa parecía cubierta por una oscuridad sofocante mientras las patrullas recorrían calles, escuelas y cámaras de seguridad buscando a Victoria.
Pero seguía sin aparecer.
Y con cada minuto que pasaba… Adrián se destruía un poco más.
Emilia lo observaba desde el interior de la camioneta negra estacionada frente a la escuela.
Él estaba afuera.
Empapado.
Discutiendo violentamente con uno de los oficiales.
—¡¿Cómo demonios pierden a una niña de seis