Rafaela sabía que, si no salía de allí inmediatamente, acabaría vomitando frente a todas aquellas personas.
—Con permiso —dijo al jefe, levantándose y saliendo apresuradamente.
Ethan la observó con una expresión seria, sin entender el cambio repentino de comportamiento. Aunque quiso decir algo, no pudo, pues ella ya estaba fuera de su vista.
Al entrar en el baño social más cercano, Rafaela apenas tuvo tiempo de alcanzar el lavabo antes de comenzar a vomitar. Sentía que aquel era el peor momento posible para que los síntomas del embarazo aparecieran. ¿Cómo volvería a la mesa si, al pensar nuevamente en el plato servido, su estómago se revolvía?
—Esto no puede estar pasando… Por favor, bebé, no me hagas esto —susurró, colocando la mano en el vientre, como si su hijo pudiera entender la aflicción.
—Hola, ¿hay alguien ahí? —Una voz femenina preguntó desde afuera. —¿Está bien?
Respirando hondo y mojándose el rostro, Rafaela abrió la puerta, encontrándose con una mujer bajita, vestida con u