La idea de Kate era maravillosa; aquello sería el comienzo de la solución de sus problemas. Ya no habría motivos para quedarse en los Estados Unidos.
¡Espera!
La idea de no haber más motivos para quedarse en los Estados Unidos hizo que sus manos temblaran y, de repente, incluso comenzó a sudar.
Sus últimos dos años en ese país habían sido tan buenos, y aún así había conseguido la mejor amistad que podía imaginar. Después de Aurora, Kate fue la mejor amiga que tuvo en la vida. Se entendían y se comportaban como hermanas. La idea de no verla a diario la dejaba angustiada.
Ya se había acostumbrado a la rutina de Nueva York y al estilo de vida que había adquirido. Imaginar que tendría que volver a Brasil y vivir nuevamente con sus padres la desanimaba. Era como si su vida estuviera retrocediendo.
Volver a la casa de sus padres y, además, con un niño; aquella idea todavía era muy difícil de digerir.
Se sentía como una adolescente que había hecho algo mal y no sabía resolver sus propios pro