—Amiga, qué bueno que llegaste.
Rafaela se levantó y fue al encuentro de Kate.
—¿Por qué estás así?
Kate preguntó, aún sin entender el nerviosismo de la amiga.
—Mientras tú no estabas, Tácio y yo estábamos conversando, charlando sin compromiso.
—¿En serio?
—Sí, y no tienes idea de la propuesta que hizo.
Todo lo que quería en ese momento era cambiar el foco de la conversación.
Quizá Tácio se olvidaría de lo que ella había dicho.
—Si no me lo dices, jamás lo sabré —respondió Kate.
—Dijo que este