En la mañana de la semana siguiente, Rafaela terminó recibiendo un cronograma directamente de las manos de Ethan, sobre los lugares a los que debía acompañar a Eva.
—No la apures ni la contradigas. Quiero que todo lo que ella desee sea acatado —dijo, sin mirarla a la cara.
—Está bien.
—No te preocupes por el tiempo que pasarás fuera con ella, puedes estar segura de que seré generoso con tu pago.
—Le agradezco su generosidad.
—Solo quiero que me hagas un favor —explicó.
—¿Qué desea?
—Eva es muy