En la mañana de la semana siguiente, Rafaela terminó recibiendo un cronograma directamente de las manos de Ethan, sobre los lugares a los que debía acompañar a Eva.
—No la apures ni la contradigas. Quiero que todo lo que ella desee sea acatado —dijo, sin mirarla a la cara.
—Está bien.
—No te preocupes por el tiempo que pasarás fuera con ella, puedes estar segura de que seré generoso con tu pago.
—Le agradezco su generosidad.
—Solo quiero que me hagas un favor —explicó.
—¿Qué desea?
—Eva es muy astuta, así que procura no hablar de más y terminar revelando lo que pasó entre nosotros.
—No se preocupe, yo jamás diría nada sobre eso.
Al ver que la secretaria estaba acatando todo sin cuestionar, sacó un sobre del cajón de su escritorio y se lo entregó.
—¿Qué es esto? —preguntó ella.
—Tu invitación al compromiso.
—¿Está seguro de que desea que vaya? Usted puede decir que no quiere que una simple empleada como yo esté en un lugar y un día tan importante.
—Estoy seguro de que ese día recibiré