Ya pasaban de las diez de la mañana cuando Rafaela despertó y se dio cuenta de dónde estaba. Al ver a Ethan a su lado en la cama, tal como vino al mundo, sintió un peso en su conciencia. Recordó que, una vez más, no logró resistirse a sus avances.
Tomando el celular, presionó el botón lateral para ver la hora, pero recordó que estaba apagado. Sin ninguna intención de ser curiosa o inconveniente, tomó el celular de Ethan solo con el fin de saber la hora, pues la diferencia horaria todavía la con