Era lo único que faltaba; de todas las maneras en que imaginó terminar su noche de viernes, tener a su jefe sentado en el sofá de su sala sería la última que podría imaginar.
El timbre de su apartamento sonó y ella fue inmediatamente a abrir. Era el repartidor, con la pizza que había pedido.
—Muchas gracias —agradeció al hombre, dándole una propina.
Cerrando la puerta, llevó las cosas a la cocina y comenzó a preparar los platos. Mientras esperaba su pedido, había preparado un jugo.
Ella arregla