Era lo único que faltaba; de todas las maneras en que imaginó terminar su noche de viernes, tener a su jefe sentado en el sofá de su sala sería la última que podría imaginar.
El timbre de su apartamento sonó y ella fue inmediatamente a abrir. Era el repartidor, con la pizza que había pedido.
—Muchas gracias —agradeció al hombre, dándole una propina.
Cerrando la puerta, llevó las cosas a la cocina y comenzó a preparar los platos. Mientras esperaba su pedido, había preparado un jugo.
Ella arreglaba la mesa cuando Ethan entró en la cocina.
—Tu cocina no es difícil de encontrar —él dijo, haciéndola recordar la cocina de su apartamento.
—Menos mal que no tuviste que abrir ninguna puerta equivocada —bromeó.
—No me habría parecido nada mal abrir alguna puerta y encontrarme con la misma vista que tú tuviste en mi casa.
La cara de ella se sonrojó en cuestión de segundos. ¿Cómo tuvo el valor de decir aquello?
—Come un pedazo de pizza, aprovecha que aún está caliente. —Dio la espalda para que él