Al ver una vez más que Tácio estaba excediéndose de las ideas, ella se alejó.
—Voy a entrar, creo que deberías ir a tu casa —dijo Rafaela, dándose la vuelta para salir.
—Rafa, ¿por qué estás actuando como si yo fuera un extraño para ti? —él preguntó.
—¿Y por qué estás actuando como si pudieras mandar u opinar en mi vida? ¿Tienes noción de lo que acabas de decir ahora?
—Yo solo quiero tu bien. No veo buenas intenciones en la mirada de ese hombre; siento que si sigues ahí, terminarás lastimándote