Cuando Rafaela llegó al apartamento de Ethan, lo llamó para avisar que ya estaba allí.
—Aún no estoy listo. Sube inmediatamente —dijo él, con un tono de mando.
—No, gracias. Voy a esperarlo en el coche —respondió ella, intentando evitar la situación.
—Eso no fue una petición —dijo, cortando la llamada en su cara.
—Ay, ¡cómo odio a ese hombre! —exclamó Rafaela, golpeando el volante, frustrada.
—¿Qué pasó? —preguntó Kate, preocupada, en el asiento de al lado.
—Me apuró, dijo que estaba atrasado,