Al oír las palabras de su madre, Rafaela sintió que el corazón vacilaba, como si hubiera perdido el compás por un instante.
—¿Tácio estuvo por ahí? —preguntó, esforzándose por disimular el impacto de la noticia.
—Sí, apareció anoche —respondió Sueli, con un dejo de sorpresa en la voz. —Me pareció un poco extraño, ya que hacía tanto tiempo que no aparecía por la posada.
—¿Y qué quería? —indagó Rafaela, sin conseguir ocultar la ansiedad que brotaba en su tono.
—Contó que se va a Estados Unidos para participar en un seminario, algo así. Dijo que se quedará allí un buen tiempo y pidió tu dirección.
—¿Por qué quería mi dirección? —cuestionó, ahora con la voz ligeramente temblorosa.
—No lo sé exactamente… Mencionó que hace tiempo que no te ve y que le gustaría reencontrarse contigo, ya que son amigos.
—Amigos… —murmuró, casi para sí misma.
—¿Lo ves? —comentó la madre al otro lado de la línea. —Parece que todavía te molestas cuando hablo de él.
—No estoy molesta, mamá —se apresuró Rafaela a