Mundo ficciónIniciar sesiónDos semanas después
—No, hoy no se encuentra en el restaurante. Era el tercer día que venía buscando a Maya, pero no había dado señales de vida ni contestado mis llamadas. —Creo que está enferma —dijo uno de los empleados—. Oí que llamó esta mañana para avisar que no vendría. —¿Sabes dónde puedo encontrarla? —En eso no te puedo ayudar, ni idea. Pero Clara es su mano derecha aquí. Ella debería saberlo. Tienes que ir a su oficina. En la oficina —Vamos, dígame, ¿para qué la necesita? Créame, no es la primera persona que viene preguntando por Maya. —¿Cómo? ¿Alguien más vino a buscarla? —No sé quién era. Los chicos dijeron que preguntó si trabajaba aquí y cuándo podía verla. No sé en qué estará metida, pero no puedo involucrarme. Esto podría afectar todo lo que hizo su padre aquí. —Descuida. Supongo que sabes quién soy, ¿no? —ella asintió—. También debes saber que el nuevo dueño de Goodfrench soy yo. Solo quiero ayudarla y, además, necesito hablar con ella. —Pero si usted es Nathan Larson, el abogado más prestigioso de la ciudad… ¿por qué estaría interesado en algo como Goodfrench? —Exabogado, para ser exactos. El restaurante es importante para mí, además es algo que le debo a Liam. También necesito encontrar a Leonora. ¿Sabes dónde está? Clara asintió, dudando un instante antes de hablar. —No la hemos visto desde que falleció nuestro jefe, hace más de seis meses. Lo único que sé es que sigue aquí, en la ciudad. Liam envió comida una vez a una casa en las afueras… seguro ella vive ahí. —¿No tienes su contacto? —No, nadie aquí lo tiene. Pero para llegar, toma Brooks, cruza el puente y gira a la derecha. Hay un lugar con muchos árboles y un cartel que dice Villa Mistic. Su casa es blanca, de dos pisos, destaca entre las demás. Es todo lo que puedo decirle. —Gracias. Y sobre Maya… —Le daré su dirección, pero debe contarle que usted es el nuevo dueño. Creo que no sabe que ya no es parte del restaurante. —Eso no es problema. No tengo intención de cambiar nada aquí. Clara me entregó un papel con la dirección de Maya, pero antes de que pudiera agradecerle, mi celular sonó. —Hola, ¿el señor Larson? Lo llamo del Magic Rainbow. —¿Me disculpa un segundo? —le dije a Clara. Ella asintió. —Sí, soy yo. ¿Qué sucede? —Es sobre Noah. No se siente bien. Queríamos saber si podía venir por ella. —¿Llamaron a Lara? —La señorita Lara no nos contestó. Por eso decidimos llamarlo a usted. —Voy de inmediato. Gracias. Guardé el teléfono y miré a Clara. —Gracias por todo. ⸻ Camino a la casa de Leonora —¿A dónde vamos? —preguntó Noah. —A la casa de Leonora. Necesito hablar con ella. —¿Quién es? —¿Recuerdas a Liam? —asintió—. Bueno, ella es su esposa. Cuando llegamos, toqué el timbre dos veces y volví al auto para revisar a Noah. —¿Estás bien? —Sí. Una voz interrumpió el momento. —Tú… ¿qué haces aquí? Me giré. Allí estaba ella. —Leonora… —cerré la puerta del auto y me acerqué. —¿Qué quieres? ¿Ahora vienes después de tanto tiempo? ¿A mostrarme a la niña? No tienes idea de lo que Liam y yo sufrimos cuando perdimos a ella y a su madre. Su tono estaba cargado de rabia y dolor. —¿De qué hablas? No te entiendo. Liam siempre estuvo presente para Noah. Solo quiero hablar. —¿Cómo? ¿Liam estuvo presente? —¿Podemos pasar? Será mejor hablar con calma. Leonora dudó, pero asintió. Volví al auto por Noah. Cuando nos acercamos, Leonora la miraba con asombro. —Noah, ella es Leonora. —¡Hola, pequeña! —dijo con una sonrisa mientras la abrazaba. —¡Holaa! —Pasen, tomen asiento. Traeré algo de beber. Cuando regresó, fue directo al grano. —¿De qué querías hablar? Miré a Noah. —Puedes ir al patio a jugar. Tienes un columpio y juguetes. —¿Puedo ir? —preguntó Noah con ilusión. —Claro. Cuando se fue, Leonora cruzó los brazos. —¿Qué pasa? ¿Ya no puedes cuidar de ella? —No, no es eso. Quería hablar sobre Liam… y sobre Maya. Quiero saber quién está enterrado en su tumba. —Obviamente, Maya. ¿Por qué preguntas? ¿Qué tiene que ver con Liam? Tomé aire antes de soltar la verdad. —Maya está viva. La vi hace más de dos semanas en Goodfrench. Su rostro palideció. —¿Qué? ¿Me estás diciendo que Liam me mintió… y a ti también? —No lo sé. Pero hay algo más… Maya me dejó una nota. Le tendí el papel. Ella lo leyó en silencio, tardando en reaccionar. —Esto no es posible… Liam jamás mentiría. —Entonces, ¿cómo explicas todo esto? Leonora se quedó en silencio antes de susurrar: —Pensé que jamás tendría que hablar de esto… pero te seré sincera. Maya no es nuestra hija biológica. Mi cuerpo se tensó. —¿Qué? —Cuando la conocimos era muy pequeña. Su madre estaba muy mal… por eso, Liam y yo la adoptamos. Quedé paralizado. —¿Algo más en lo que me hayas mentido? —Lo siento… —sus ojos se llenaron de lágrimas—. Pero ella es mi hija. Yo la crié. Cuando la vi tan pequeña, tan frágil, me juré que sería la mejor madre para ella. Pero le fallé… debí haberle dicho la verdad. —Tranquila. Habrá tiempo para hablar con ella… si algún día nos recuerda. —¿Tú crees? —Mi doctor me dijo que no podemos soltarle todo de golpe. Podría ser peligroso para ella. Hay que esperar a que recuerde por sí misma. Leonora suspiró. —¿Cómo la viste? ¿Está bien? —Se veía bien. Solo quiere respuestas. Por eso me buscó. ⸻ Más tarde, en casa de Maya —¿Qué haces aquí? ¿Ocurrió algo? ¿Encontraste información? —No, solo vine a ver cómo estabas. —¡Hola! —Noah saludó con entusiasmo. Maya la miró sorprendida. —¡Hey, pequeña! Eres tú. —¿Podemos pasar? Maya sonrió. —Claro, adelante. Cuando entramos, Noah miró con curiosidad su vendaje. —¿Qué te pasó? Maya le mostró la rodilla vendada. —Me caí y me lastimé. —También te pegaste en la cara… —Sí, pero solo fue un rasguño. Noah se acercó a las pinturas apoyadas contra la pared y las observó. —¡Mira, papi! Son como las de la casa de Nora. Maya frunció el ceño. —¿Quién es Nora? —Quiere decir Leonora —expliqué. —¿La esposa de Liam? ¿No sabes quién es? Maya negó con la cabeza, visiblemente confundida. —No… no la recuerdo. —Hoy fuimos a verla —continuó Noah—. En su casa tenía pinturas como estas. Maya bajó la mirada hacia sus cuadros y suspiró. —Sí… antes solía pintar. Pero después de que me fracturé la mano, nunca volví a hacerlo. Noah ladeó la cabeza, pensativa, y luego sonrió. —Entonces… ¿me pintarás un unicornio? Maya la miró sorprendida. —¿Un unicornio? —Sí, en mi casa. La niña la miró con tanta ilusión que por un instante, Maya pareció dudar. Luego sonrió suavemente. —Podría intentarlo. —¡Siii! —exclamó Noah, corriendo a abrazarla. —¡Papi, podemos traer a Leonora con Maya! Maya me miró con duda. —Me gustaría conocerla… —Hablaré con ella —dije. Maya soltó una risa suave mientras la rodeaba con los brazos. Por un instante, la calidez del momento hizo olvidar todo lo demás.






