Habían pasado dos semanas desde el incidente en el bosque. Dos semanas desde que Katherine casi se arrancó el alma buscando a sus hijos. Dos semanas desde que los trillizos prometieron solemnemente no volver a escapar.
Promesa que, por supuesto, estaban intentando romper.
Kash había convocado una “reunión secreta” donde los tres estaban sentados en círculo sin que ningún adulto escuchara.
—No podemos escaparnos —dijo Christian con los brazos cruzados, su tono monótono y adulto para sus cinco añ