Nada más al entrar, Cassian vio a Kian mirándolo todo al igual que Alessandro, como si estuvieran buscando algo.
Y él sabía qué era, salidas, posiciones de guerreros, posibles amenazas ocultas en las sombras del salón.
—No sirve de mucho contar cuántos machos hay vigilando —soltó Cassian con ese tono desdeñoso—. Cada día es diferente, hoy son doce, mañana podrían ser cien o ninguno. Depende de si mis enemigos deciden portarse bien o no.
Kian lo miró irritado pero había un brillo de respeto en s