Katherine terminó de abotonarse la camisa de Cassian que era demasiado grande y olía intensamente a él.
La conversación que acababa de empezar se había quedado a medias, colgando en el aire y la rabia aún le quemaba en el pecho. Pero los golpecitos impacientes en la puerta la obligaron a dejarlo todo de lado.
Cassian ya con pantalones puestos y el torso desnudo, se acercó a ella por detrás. Sus manos se posaron en su cintura con una suavidad inesperada.
—Respira, Bambi —murmuró contra su oído—.