El camino de regreso fue lento.
No por la distancia.
Sino por la presión que había en el aire, un tipo de tensión que no venía del bosque, sino de él.
De ese macho que no dejaba de mirarla como si fuera una pieza maldita del rompecabezas que se negaba a encajar.
Cassian iba detrás y no decía una palabra.
Katherine caminaba con las manos cerradas, las uñas clavadas en las palmas, el rostro tenso y los labios apretados.
No podía pensar.
No podía dejar de sentir.
Y eso la desesperaba.
"Debería est