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Cael gruñó con los ojos desorbitados y Maverik no dudó. Con un giro brutal y antes que alguien más interfiriera rompió el cuello de Cael en crujido seco, definitivo y enterró justo en su corazón una daga de plata, el cuerpo se desplomó al suelo, pero Maverik no terminó ahí.
—¡No!
Sus manos se alzaron hacia Cael intentando alcanzarlo, pero Katherine la sujetaba con fuerza implacable.
Serenya se retorció, pataleó, arañó el brazo de Katherine pero la loba no cedió ni un centímetro.
El